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Lee la parte 1
Después de comentarle la situación a Miriam, esta le confirmo a Eva que esos artículos no podían cambiarse después de comprados, pero que si le parecía bien podía permitir que el cliente probara el articulo en la tienda. El único problema es que ese tipo de artículos no se podían probar por una persona sola, lo que obligaba a Eva a ayudar al cliente a ponerse el saco.
A Eva no le hacía mucha gracia la idea, pero le dijo a Miriam que se lo diría al cliente.
Bueno – le dijo Eva a Javier reclamando de nuevo la atención – veras, mi jefa me ha confirmado que si te llevas el articulo no puedes cambiarlo, dado que para nosotros en como ropa interior y no haríamos cambios, dailykos.
Vaya – dijo Javier – la verdad es que el único problema es que no estoy seguro si la talla es la adecuada para mí, pero bueno, me arriesgare. Me lo llevo.
A Eva le dio cierto cargo de conciencia que un cliente se fuera con la compra hecha y poco convencido, por lo que decidió comentarle la solución propuesta por su Jefa.
Bueno – dijo Eva – otra opción que tienes es probarlo aquí en la tienda, así comprarías el articulo con la seguridad de que es de tu talla.
A Javier le sorprendió enormemente la propuesta de Eva en programmableweb y tardo unos segundos en responder mientras su pulso se aceleraba.
Pero – balbuceo Javier – no entiendo, ¿Cómo voy a probarme un saco? No podría yo solo.
Yo te ayudaría en bookcrossing – respondió Eva con poco entusiasmo pero con gran responsabilidad – lo haríamos en la trastienda y no podrías quitarte la ropa interior; son las normas en estos casos.
Javier empezó a notarse acelerado por momento; le había gustado mucho el artículo, pero realmente no sabía cómo iba a usarlo en su casa sin pareja que lo ajustase. Después de unos segundos de deliberación su yo cauteloso desapareció dejando libre a su ser aventurero.
Bien, acepto – le dijo a Eva algo nervioso.
Eva se imaginaba la respuesta desde que le hizo la propuesta Miriam, por lo que no la cogió de sorpresa; se dirigió a la puerta de la tienda y colgó una cartel que avisaba que “volvían en cinco minutos”
- Ven conmigo – le dijo a Javier – Este siguió a Eva a través de la tienda hacia la trastienda de la misma. En la trastienda había una sala con dos ordenadores y varias estanterías donde Eva realizaba los tramites de la gestión económica y comercial de la tienda en los ratos en los que los clientes lo permitían, y al lado derecho había un pequeño almacén con una gran mesa en el centro.
Eva deposito el saco encima de la mesa y miro a Javier. – Si te parece bien lo probaremos aquí.
- De acuerdo – asintió Javier.
- Ya sabes – le advirtió Eva – no puedes quitarte la ripa interior. Por cierto; ¿quieres que te coloque todos los accesorios?
Los accesorios que incorporaba el saco eran una mordaza que se ajustaba con corchetes a los lados del hueco de saco dispuesto para la boca y una venda para los ojos.
- Bueno, ya puestos ¿por que no?- Jaime ya no tenía dudas y había decidido ir a por todas, comenzando a bajarse el pantalón; después se quito la camiseta que llevaba y se subió a la mesa colocándose encima del saco.
Eva comenzó a colocarle la parte superior del saco, ayudo a Javier a introducir los brazos en los huecos habilitados en el sacos y subió la cremallera del saco envolviendo es su totalidad a Javier, que ya notaba en cierto sitio su excitación. Eva ajusto las seis correas que llevaba el saco y por ultimo coloco primero la venda en los ojos de Javier y, después de preguntarle a este si se encontraba bien cogió la mordaza.
- Bien, voy a colocarte la mordaza tal y como me has pedido- informo Eva a Javier – antes de eso, ¿te parecen bien cinco minutos para hacerte una idea de cómo te queda?
- Si me das diez mejor – sugirió Javier en un mar de sensaciones.
De acuerdo – acepto Eva ajustando la mordaza de Javier – diez minutos.
Eva decidió salir de la trastienda dejando a Javier solo.
Al salir pudo comprobar como había un par de cliente mirando los escaparates y escudriñando el interior de la tienda, por lo que decidió abrirla de nuevo. – En diez minutos vuelvo a cerrar y suelto al tío este – pensó.
Pero a los dos clientes le siguió una pareja que quería iniciarse en el bdsm y quería comprar libros y algo de material para empezar la sesión. Después tuvo que atender un par de llamadas de curiosos preguntando por algunos artículos, y por ultimo una llamada de su jefa pidiéndole que llevara la declaración trimestral del IVA al asesor fiscal….. y mañana era el último día para la declaración.
Eva vio su relog y pensó que si marchaba rápido aun llegaría a tiempo para reunirse con el asesor fiscal. Cogió su bolso y las llaves del coche y salido corriendo de la tienda.
En su carrera por cumplir con el estado no se percato que en la tienda había alguien a quien se le estaban empezando a hacer un poco largos ...... diez minutos………

Dikirim pada 02 Desember 2015 di Uncategories


Javier salió pronto del trabajo. Tenía ganas de visitar la tienda y no le apetecía perder más el tiempo con insulsos tramites que podían esperar a mañana.
Se había enterado en internet que se había abierto en la ciudad un sex shop especializado en material bdsm y mirando la pagina web pudo ver que había un amplio catalogo de material. Le fascinaba todo lo relacionado con las prendas de cuero, los elementos de inmovilización y las máscaras, y la tienda tenía una amplia colección de esos artículos.
Aparcó su coche dos manzanas al norte de la calle donde se ubicaba la tienda, esta se situaba en las cercanías del centro de la ciudad y era complicado aparcar. Al llegar andando a la calle pudo divisar la tienda; - Calle Silvano 24, esa es – se dijo Javier.
El exterior de la tienda tenía una fachada de aplacado de piedra gris y negra, con dos pequeños escaparates y una puerta de entrada de cristal coloreado provista de un timbre. El cartel superior era discreto, ni muy grande para no llamar excesivamente la atención, ni muy pequeño para que los interesados pudieran dar con ella fácilmente.
“Estetica bdsm”, rezaba el cartel.
Javier caminó hacia la tienda con el corazón ligeramente acelerado. Era la misma sensación que tenía siempre que iba a un sex shop; aunque reconocía que en la actualidad este tipo de tiendas proliferaban en todas las ciudades, aun seguía poniéndose nervioso cuando visitaba alguna.
Javier toco el timbre de la puerta mirando de reojo a ambos lados para descartar que nadie pudiera verle. A los pocos segundos la puerta emitió un sonido y Javier la empujó accediendo a la tienda.
La primera impresión fue buena. La tienda era bastante amplia para ser un sex shop, y tal y como informaba su página web había un gran surtido de material bdsm, desde mascaras, catsuit, camisas de fuerza, accesorios, camas de vacío, sacos, etc. El material estaba bien repartido en toda la superficie de la tienda.
Jaime pudo observar como en la tienda había un par de clientes y detrás del mostrador una chica al cargo.
Eva llevaba poco más de dos semanas en la tienda. Al principio le costó acostumbrarse al género que se despacha en un sex shop de estas características dado que su anterior trabajo lo desarrollo en una inmobiliaria. Como consecuencia de la crisis este cerro y tras varios años trabajando se vio en el paro. Después de alguna que otra entrevista donde no obtuvo resultados observo en la prensa un anuncio en el que se reclamaba a una chica para atender y llevar la gestión económica de un sex shop. A esas alturas Eva ya había pasado la fase en la que seleccionaba los anuncios de trabajo y no dudo en enviar el curriculum a la dirección de correo electrónico indicada en el anuncio. Al poco tiempo hizo la entrevista y se hizo con el puesto, que consistía en atender al público durante las horas establecidas y llevar la contabilidad y demás tramites de ventas durante las horas estipuladas para ello.
Eva sabia que tarde o temprano se correría la voz de que trabajaba en un sexshop, pero en estos momentos de crisis le importaba mas tener un sueldo a fin de mes que lo que pudieran decir de ella.
Javier observaba detenidamente todos los rincones de la tienda en busca de algunos objetos como consoladores que siempre le había gustado tener, entre ellos estaba un saco de bondage o sleep sack o un vibrador.
Al final de la tienda pudo observar varias prendas en colgadores habilitados, de los que prendían camisas de fuerza, juntabrazos y los sacos.
Toco uno y la sensación que percibió le hizo sonreírse.
- Vaya, que buena pinta tienen estos – se dijo. Javier se encontraba ya ciertamente excitado ante la posibilidad de adquirir un artículo que había deseado desde hace tiempo.
No obstante, a Javier le asalto la duda que siempre le acompañaba a la hora de comprar ropa; la talla. Se reconocía muy torpe a la hora de elegir prendas de ropa y en numerosas ocasiones había ido de tiendas con su pareja para que le asesorase en estas lides.
Ahora en cambio la situación era diferente, pues no estaba comprando unos pantalones y hacía ya tiempo que no tenía pareja.
A Javier le entraron muchas dudas y pensó en un principio que lo mejor era preguntar a la dependienta del local.
- Supongo que en estas cosas ellos sabrán mas que cualquiera – se dijo Javier dirigiéndose hacia el mostrador.
- Buenos días – Dijo Javier – ¿podrías ayudarme con una duda que tengo respecto a los sacos?
- Por supuesto – respondió cortésmente Eva - ¿de qué se trata?
- Pues veras, - contestó Javier - es que me gusta el saco y los accesorios que incorpora, por lo que estaba interesado en comprarlo, pero es que soy muy malo con las tallas y no me gustaría llevarme uno más grande o más pequeño, dado que el precio que tiene es grande. ¿Habría posibilidad de saber cuál es el modelo que se ajusta más a mí?
Bueno – dijo Cristina comenzando a cavilar – creo que esos modelos nos llegaron por catalogo y si lo encuentro podre saber medidas y algún dato más; un momento por favor –
- Por supuesto, no tengo prisa – finalizo cortésmente Javier.
Eva solo llevaba poco más de dos semanas al cargo de la tienda, pero su jefa Miriam le había dado un cursillo intensivo de material y accesorios bdsm, por lo que se defendía más o menos bien dadas las circunstancias.
Eva encontró el catalogo en el inventariado digital de la tienda y pudo comprobar que las tallas para los sacos de bondage iban en función de las medidas corporales de cada persona.
- Bien – dijo Eva reclamando la atención de Javier – tienes que decirme tu altura y tu perímetro de cintura y de pecho.
- Bueno, mido metro ochenta – respondió rápidamente Javier – pero los perímetros no sabría decírtelos ahora mismo.
- No te preocupes – le dijo Eva abriendo uno de los cajones de la mesa – aquí tengo un metro, ahora mismo lo averiguamos. Eva salió del mostrador y avanzo hacia Javier, que vio como le pasaba el metro de sastre por el pecho y por la cintura.
- Bien, - dijo Eva volviendo al mostrador – según tus medidas la talla más adecuada de saco para ti es la 4.
- Estupendo – dijo Javier – pues voy a por él. Avanzo hacia el final de la tienda y busco la talla que le había facilitado Eva. Después de descolgarla se aproximo al mostrador observando detenidamente el saco; no acababa de estar convencido.
- ¿Seguro que esta es la talla adecuada? – Pregunto preocupado Javier – No se, me parece pequeña.
Eva volvió a consultar los datos del ordenador. – Para las medidas que tienes es la adecuada –
- Bueno – dijo Javier poco convencido – si tú me lo dices te creo; aunque no lo acabo de ver claro. ¿En cualquier caso, podría cambiarlo si al probármelo en casa veo que me queda pequeño?
Eva se quedo un poco desconcertada con la pregunta. Este tipo de artículos no eran como unos pantalones que te probabas en casa y devolvías si no te gustaban. Como no tenía claro que responder decidió llamar a Miriam para preguntarle.
- Si me permites voy a llamar a mi jefa y le pregunto porque no tengo claro que puedas cambiar el articulo si te lo llevas – le dijo Eva a Javier mientras llamaba por teléfono a Miriam.

Dikirim pada 02 Desember 2015 di Uncategories
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